
El Financial Times ha puesto a Azerbaiyán en un lugar que pocos imaginaban hace una década: el de las nuevas “mini-potencias medias” (mini-middle powers), países que, sin dictar las reglas globales, sí mueven fichas decisivas en energía, transporte y diplomacia.
Junto a Kazajistán y Uzbekistán, Azerbaiyán gana peso gracias a tres cartas: su posición estratégica en el corredor Oriente–Occidente, sus exportaciones de gas y crudo, y su rol en la estabilidad del Cáucaso Sur.
El diario británico destaca el Corredor Medio, esa ruta alternativa que une Asia y Europa sin pasar por Rusia, y en la que Bakú y Astaná juegan un papel central. A ello se suma el ambicioso Corredor de Energía Verde del Caspio, que en el futuro podrá enviar electricidad renovable de Asia Central a Europa a través de Azerbaiyán.
El FT cita como ejemplo de autonomía la firme reacción de Bakú tras el accidente del avión de Azerbaijan Airlines en diciembre de 2024: exigió a Moscú reconocer responsabilidades, castigar a los culpables y compensar, sin por ello romper puentes.
La conclusión del análisis es clara: las grandes potencias necesitarán cada vez más las rutas, los recursos y la cooperación de estos países intermedios. Y en ese tablero, Azerbaiyán ya tiene silla propia.


