
Hay historias que inspiran, y esta es una de ellas. Kanan Majidzade, un joven de 27 años formado en Bakú, hoy trabaja como consultor de datos en Amaris Consulting, firma con sede en Ginebra y presencia en más de 60 países, desde su oficina de Tokio.
Su camino empezó lejos de la tecnología: se graduó de ingeniería química en la Escuela Superior de Petróleo de Bakú. Pero una fascinación por Japón lo llevó a estudiar japonés, mudarse a Tokio y formarse en la escuela de idiomas Ohara.
“No basta la educación: mucho depende de uno mismo”, confiesa. Trabajó a medio tiempo en un supermercado japonés, usó el idioma a diario y se empapó de la cultura local. Antes ya había pisado el mundo de los datos en Bakú y en Woven by Toyota, donde ayudó a llevar las pruebas de vehículos del mundo real al virtual.
Su consejo para quienes sueñan con la inteligencia artificial: no hace falta una ingeniería específica; él es químico de origen. Lo esencial es el inglés, una base sólida, práctica constante y muchas ganas de aprender.
Y entre código y datos, Kanan hace de embajador de su tierra: habla cinco idiomas y conquista a los japoneses con fotos de las Torres de Fuego, del casco viejo de Bakú… y con dolma, plov y kebab. Un amigo suyo, tras escucharlo, terminó viajando a Azerbaiyán.
Vía | Media.az





